Mujer, marroquí y, por fin, notaria

Las oposiciones a fiduciarios del islam se abren por primera vez a las mujeres por orden de Mohamed VI

Desbrozar el camino Mujeres marroquíes se presentan a las oposiciones para adul, notario del derecho musulmán, el domingo en Rabat (Fadel Senna / AFP)

La estampa era del todo desconocida hasta el pasado domingo. Cientos de mujeres se concentraban delante de la facultad de Letras de Rabat para participar en las primeras oposiciones abiertas para acceder a 800 puestos de notarios de la religión musulmana,aduls en árabe. La posibilidad de que la mujer pudiera acceder a esta profesión estaba vetada históricamente en Marruecos y en todo el orbe musulmán. La razón hundía sus raíces en la herencia teológica que considera que el testimonio de una mujer vale la mitad que el de un hombre. Como también la herencia que puede recibir una mujer es la mitad de lo que le corresponde, por ejemplo, a su hermano.

A principios de año Mohamed VI se acogió a una fetua por la que esta profesión se abría a las mujeres. Un informe del Consejo de Ulemas, el organismo que vela por la pureza del islam, afirmaba que no veía motivos para la discriminación. “La mujer puede demostrar mucho rigor y un gran sentido de la precisión, necesario para ser notaria del derecho musulmán”, señala Arbi Daoui, miembro del consejo.

Como comendador de los creyentes Mohamed VI tomó la decisión y la ha llevado adelante a pesar de las reticencias de los conservadores. “Es contrario a la sharia”, la ley islámica, declara tajante Hasan el Ketani, una figura de la corriente salafista, a la agencia AFP.

La decisión del rey se basa en una fetua del Consejo de Ulemas pese al rechazo de los conservadores

Los aduls desarrollan unas funciones muy similares a los notarios civiles, pero su actuación debe ser conforme a la legislación religiosa. Entre sus cometidos están dar fe en los matrimonios, herencias o documentos que estén sometidos a la ley islámica.

Para Yihane Yedidi, socióloga de Rabat, “la decisión del rey supone un gigantesco paso hacia adelante en la emancipación femenina y un reconocimiento explícito y valioso de la competencia, capacidad y preparación de la mujer marroquí para asumir responsabilidades que hasta ahora le eran inaccesibles”.

Las reacciones recogidas por los medios entre las mujeres que se presentaban a las oposiciones incidían en que se trataba de una novedad histórica. “Una medida justa que testimonia la evolución que nuestro país está teniendo en materia de igualdad entre hombres y mujeres”, señalaba Sara, aspirante que vino desde Mèknes para examinarse. La práctica totalidad eran mujeres jóvenes, con sus estudios de Derecho terminados y que acudieron a las oposiciones con su pañuelo en la cabeza. No en vano, aspiran a un puesto en cierta medida religioso.

Según cifras oficiales, las mujeres que se examinaron en Rabat y otras seis ciudades suponen aproximadamente el 40% de los 19.000 candidatos que aspiraban a los 800 puestos de adul en juego. “La selección se realizará en función del mérito de cada uno, no habrá discriminación positiva en favor de las mujeres”, declara un responsable del Ministerio de Justicia.

Nadie duda de que la presencia de mujeres en estos puestos provocará resistencias al inicio. Es lo que sucedió entre los cerca de 3.000 aduls que existían hasta ahora, todos hombres, entre los que se fraguó un movimiento de oposición que fue abortado porque la decisión de Mohamed VI se apoyó en una fetua que terminó por convencer a los reticentes.

“Naturalmente habrá reservas al principio, pero la gente pronto comprobará que las mujeres somos capaces de trabajar con rigor y seriedad”, asegura Ilham, aspirante de 25 años.

La caída de este muro abre una vía a la esperanza de que, del mismo modo, se puedan venir abajo otras barreras hasta ahora consideradas como insalvables. Quizá la mayor batalla de las progresistas marroquíes sea acabar con la tradición que estipula que la mujer debe heredar la mitad que el hombre. Una batalla larga y compleja que ya ha provocado algunas dimisiones de mujeres que ocupaban altos cargos civiles y que se han visto incapaces de poder abrir siquiera un pequeño agujero en este muro. Para Abdelwahab Rafiki, un ex líder salafista que se arrepintió de los excesos y hoy es un ferviente defensor de la igualdad de género, “si el Consejo de los Ulemas ha sido capaz de manifestarse contra la doctrina islámica en el caso de los aduls, también lo puede hacer en otro problema como es la herencia”.

Fuente: lavanguardia.com

Responder