Dormir es una necesidad básica para todos, y aunque hoy se considera ideal descansar unas ocho horas continuas, en la Edad Media esto no era la norma. De hecho, lo habitual era que las personas dividieran su descanso en dos periodos separados durante la noche.
Este curioso patrón salió a la luz en la década de 1990, cuando el historiador estadounidense Arthur Roger Ekirch comenzó a investigar la vida nocturna en épocas pasadas. Mientras revisaba manuscritos antiguos en los Archivos Nacionales del Reino Unido, encontró referencias al término “primer sueño” en documentos del siglo XVII. Esta mención le llevó a preguntarse si también existía, lógicamente, un “segundo sueño”.
El resultado de sus hallazgos se plasmó en su libro «At Day’s Close: Night in Times Past», publicado en 2005. Ekirch recopiló más de 500 testimonios históricos que confirman que era común dormir en dos fases. A este patrón lo llamó sueño bifásico.
Durante ese intervalo nocturno, denominado como “el reloj”, las personas no solo estaban despiertas, sino que aprovechaban ese tiempo para realizar múltiples actividades. Desde tareas domésticas hasta conversaciones familiares o momentos de intimidad, la vida seguía en plena madrugada. Según Ekirch, “los registros describen cómo la gente hacía casi cualquier cosa tras despertarse de su primer sueño”.
- Desde la antigüedad
Los registros históricos revisados por Ekirch revelan que, en la Edad Media, lo habitual era acostarse entre las nueve y las once de la noche. Tras dormir un par de horas, muchas personas despertaban de forma natural para aprovechar un lapso de actividad nocturna. Usted podría haberse levantado a limpiar la casa, encender el fuego, hacer sus necesidades o remendar ropa. No siempre implicaba levantarse de la cama: algunas familias permanecían recostadas, conversando, discutiendo asuntos importantes o compartiendo momentos de intimidad.
En el mundo rural, esta pausa solía destinarse a tareas más exigentes. Algunos campesinos salían a revisar el ganado, arreglar tejidos, peinar lana o preparar juncos para usarlos como combustible. También era un momento de recogimiento espiritual: había oraciones específicas pensadas para esa franja horaria.
Ese primer tramo de sueño servía para eliminar el cansancio del día. Luego, hacia la una de la madrugada, regresaban a la cama para un segundo sueño, que se prolongaba hasta el amanecer o incluso más tarde.
Lejos de ser una rareza, el sueño en dos fases fue una práctica común en el mundo preindustrial y tuvo una larga historia. Ekirch encontró referencias en la Antigua Grecia y en numerosas culturas, desde Italia (primo sonno) y Francia (premier somme) hasta África, Asia, Australia, América del Sur y Oriente Medio. Este patrón, heredado de nuestros antepasados prehistóricos, se mantuvo vigente durante milenios, con registros desde La Odisea (siglo VIII a. C.) hasta principios del siglo XX, cuando empezó a desaparecer.
- En la actualidad
El estudio de este antiguo patrón ha permitido a los científicos replantearse qué significa realmente dormir bien y cómo abordar ciertos problemas de descanso. Ekirch sostiene que muchas personas que hoy se despiertan a mitad de la noche, quizás como le ocurre a usted en muchas ocasiones, diagnosticadas con insomnio, podrían estar reviviendo un vestigio natural del sueño bifásico.
En la actualidad, dormir de un tirón es la norma y despertar de madrugada suele generar ansiedad. Sin embargo, saber que esta interrupción fue normal durante siglos ayuda a restarle importancia. El cambio de hábito se atribuye en gran parte a la llegada de la iluminación artificial, que alteró los ritmos circadianos y prolongó la actividad nocturna.
La gran pregunta es: ¿usted podría recuperar este sistema? El científico del sueño Thomas Wehr lo puso a prueba en los años 90: tras varias semanas con días más cortos, sus voluntarios comenzaron a dormir en dos fases. Un estudio posterior en 2015, realizado en Madagascar en una comunidad sin electricidad, mostró el mismo patrón: un despertar breve poco después de medianoche y un segundo sueño hasta el amanecer.