Pilar Berral posa para ‘La Verdad’ en el despacho principal de su notaría, situada en la calle Barítono Marcos Redondo de la ciudad de Murcia. / GUILLERMO CARRIÓN / AGM

04/03/2019

Cada vez es más frecuente encontrar mujeres en el notariado, una de las profesiones con mayor dificultad de acceso y que históricamente ha estado vinculada a los hombres. Pilar Berral (Granada, 1970) es una de las notarias con más prestigio de Murcia, pero no se ha librado de sufrir situaciones machistas. Desde el último 8-M, no se calla una. Así, confiesa que hace poco un cliente intentó ligar con ella y no tuvo reparos para reprochárselo.

-Las masivas movilizaciones feministas del 8 de marzo de 2018 supusieron un punto de inflexión para las mujeres de este país. ¿Qué cambios percibe usted?

-Percibo que se ha acabado el miedo a decir que eres feminista, un término que hasta hace poco estaba muy desprestigiado, con un sentido algo peyorativo. Desde el año pasado, parece como si las mujeres hubiéramos salido del armario. Ya no tienes tantos reparos a la hora de proclamarte feminista y yo, personalmente, he empezado a reaccionar ante determinadas situaciones que me molestan mucho. Antes me callaba por prudencia, por no parecer extremista o exagerada. Ahora sí las digo. Pero tenemos que llevar cuidado, no debemos pasarnos de frenada. En algunos aspectos, el discurso feminista, según mi modo de ver, se está radicalizando. Y eso se puede volver en nuestra contra.

8-M en la Región

-¿Qué situaciones son esas ante las que se ha rebelado?

-Pues mire, hay una serie de muletillas, o de vicios sociales, que aunque no se hagan conscientemente con una intención discriminatoria hacia la mujer, sí que tienen un trasfondo sexista. A mí no me molesta un halago. Que me digan que estoy guapa me levanta la moral y me hace empezar el día de otra manera. Y opino que quien diga lo contrario no está diciendo la verdad. Pero en la notaría, cuando estoy trabajando, me molesta que me digan que vienen aquí porque soy más guapa que otro compañero. Es un comentario muy frecuente que entraña una minusvaloración de mi trabajo y frivoliza mi figura. Estoy aquí porque soy notaria, porque tengo la misma formación que mis compañeros varones, estoy igual de actualizada que ellos y soy igual de competente. No me imagino que le digan a un compañero varón que acuden a su notaría porque es más guapo que Pilar Berral. Ante esos comentarios, antes me callaba. Cuando me los dicen ahora, siempre recalco que soy buena notaria. Hace algún tiempo, una vez que fuimos a levantar un acta, el chico que venía conmigo me tiraba los tejos en el coche descaradamente. Hace unos años me hubiera callado, pero esta vez se lo reproché. Pienso que algunas personas que tienen ese tipo de comportamientos no se dan cuenta en realidad de lo que pueden llegar a incomodar.

«Me incomoda que me digan que vienen a mi notaría porque soy más guapa que otro compañero varón»COSIFICACIÓN

-¿Ha sentido el machismo en su profesión, que tradicionalmente ha estado vinculada a los hombres?

-El mundo del Derecho es ya mayoritariamente femenino. Lo puede ver en las tomas de posesión de las últimas promociones de jueces y fiscales. Además, cuando yo aprobé la oposición, en el año 1998, aprobamos un 37% de mujeres. En las últimas promociones de notaría ya hay mayoría de mujeres. Lo que sí ocurre es que en las plazas en las que se requiere una cierta antigüedad para acceder, como las capitales, todavía predominan los hombres. Sinceramente, no percibo discriminación en el acceso a nuestra carrera, pero sí echo en falta que haya un reflejo en nuestros órganos de gobierno de la creciente presencia femenina en el colectivo. Es lo de siempre, ese techo de cristal que, no sabes muy bien por qué motivo, hace que nos quedemos a medio camino.

-¿Usted, desde el punto de vista personal, a qué piensa que se debe ese techo de cristal?

-Lo que no creo es que haya un complot masculino contra nosotras. Pero a las mujeres nos obstaculiza mucho en el ejercicio de nuestra actividad profesional la asunción del trabajo no remunerado. Tenemos una dedicación y una responsabilidad en el hogar diferentes a las del hombre. Yo hago pocas tareas domésticas, la verdad, porque tengo ayuda en casa. Pero la responsabilidad sí la llevo. Voy a todos sitios con mi casa en la cabeza. Siempre hago la broma de que a las mujeres, cuando nos hacen los agujeros en las orejas, nos meten un microchip con la responsabilidad doméstica. Es como una mochila de piedras. Esto nos da satisfacciones, sí, pero es una traba para dar determinados pasos. Eso en los hombres no pasa, por regla general. Mi marido y yo tenemos repartidos nuestros departamentos en casa. Pero él es como más libre.

«Cuando nos hacen los agujeros en las orejas, nos meten un microchip con la responsabilidad doméstica. Es como una mochila de piedras»CONCILIACIÓN

-A usted, por ejemplo, ¿qué le frena para presentarse a dirigir algún órgano de gobierno dentro de su profesión, e incluso para dar el paso de entrar en política?

-En política me han propuesto entrar, pero siempre lo he rechazado. Por un lado, porque no tengo una definición ideológica clara. Y, principalmente, porque el trabajo de la notaría me encanta, me apasiona. No quiero hacer nada que vaya en detrimento de él. Por otra parte, como le decía antes, tengo mucha responsabilidad en casa, con cuatro hijos, uno de seis años. Es un aspecto de mi vida que no quiero abandonar. No me salen las cuentas. Si me presentara al Colegio de Notarios, asumiría unas responsabilidades que tendría que ejercer con mucha dedicación. Hoy no me veo en disposición de hacerlo. Dentro de diez años, cuando mis hijos sean más autónomos, quizás sí dé el paso.

«Más de cuatro siglos»

-¿Es necesario que la ley establezca cuotas para garantizar la representatividad de las mujeres?

-Hace poco leí un informe de la Organización Internacional del Trabajo que dice que si no se adoptan medidas, como por ejemplo las cuotas, la equiparación de hombres y mujeres en los órganos directivos llegará dentro de 425 años. ¡Más de cuatro siglos! Al principio era totalmente contraria a las cuotas, porque me parecía que, incluso, desmerecían a la mujer. Con el tiempo me he dado cuenta de que son necesarias, porque el mercado no corrige por sí solo estas desigualdades. Me resisto a pensar que seamos peores en todo. No puede ser, porque estamos sacando muy buenos resultados en la vida universitaria y las oposiciones. Pero en la vida profesional nos paramos. A lo mejor sí que hace falta regular el mercado. No obstante, me enfada que, cada vez que aparece una mujer designada para cargos de responsabilidad en una empresa o una institución, digan que quieren tener caras femeninas. Cuando es un hombre solo se habla de su currículum. Con nosotras, parece que no es por méritos propios. Uno debe llegar a un puesto porque merezca la pena que llegue.

«Antes era contraria, pero con el tiempo me he dado cuenta de que son necesarias. No estamos en los órganos directivos y el mercado no lo corrige por sí solo»CUOTAS

-¿Le costó más que a otros compañeros varones aprobar la oposición debido a cuestiones de género?

-Para mí fue exactamente igual la oposición que para cualquier compañero. Sí que es verdad que, cuando estaba estudiando, me hacían comentarios del tipo de que por qué me complicaba tanto la vida, que por qué no aspiraba a ser funcionaria de la Comunidad. Había gente que consideraba que no era necesario que yo, como mujer que soy, hiciera ese esfuerzo tan grande, porque en su interior piensan que la principal aportación económica en la familia debe hacerla el hombre.

-Como mujer, ¿se siente amenazada por el crecimiento de un partido como Vox, que cuestiona la Ley de Violencia de Género?

-En principio, no. Hay muchos postulados de Vox que no comparto, pero observo una campaña para criminalizarlos. En España, últimamente, se está coartando la libertad de expresión. Hay una serie de cosas sobre las que no se puede debatir porque no son políticamente correctas. Vox ha puesto encima de la mesa algunos de esos asuntos. El tema de la violencia de género es un problema muy grave. Que haya setenta y tantas mujeres al año asesinadas por sus parejas es inaceptable. Me gustaría que cada vez que mataran a una mujer la gente se echara a la calle, como ocurría con las víctimas del terrorismo cuando se producía un atentado. Pero también se están dando muchos casos de violencia contra los niños. Y con los ancianos, a mi modo de ver, pasa tres cuartos de lo mismo. Sufren un maltrato tremendo. Yo he visto en la notaría a personas mayores sufrir vejaciones por parte incluso de familiares. Les hablan de una manera… ¿Pero esto qué es? Y se dan casos de maltrato a hombres. Es políticamente incorrecto decirlo, pero hay que decirlo. En Vox visualizan unos problemas que se están produciendo. ¡Pero que quede claro que ni mucho menos soy de Vox!

El impacto de la crisis

-Una vez comentó, en una anterior entrevista publicada en ‘La Verdad’, que los notarios, por la naturaleza de su profesión, veían la verdadera cara de la crisis económica. ¿Cómo es ese rostro?

-Los que vivimos en las ciudades estamos en una especie de burbuja, pensamos que todo el mundo vive como nosotros. Pero te vas a otros sitios, no muy lejos de aquí, y te das cuenta de que hay gente que vive en una situación muy precaria. Cuando se ponen a contarme algunas situaciones, aquí en mi despacho, no me explico cómo pueden salir adelante. Los años de la crisis me hicieron perder la inocencia. Fue como un batacazo en el que todos vimos que éramos vulnerables, que hoy podías estar arriba y mañana abajo del todo. En mi vida ha marcado un antes y un después. He visto muchas crisis matrimoniales que han surgido por problemas económicos. La gente lo ha pasado muy mal y a mí me impactó mucho. No se nos debe olvidar. Y pienso que no hemos salido aún de la crisis, que todavía hay un paro altísimo y muchas personas sufren mucho para poder pagar sus hipotecas y sus cosas.

«No comparto los postulados de Vox, pero están visualizando problemas que existen, como el maltrato a los niños y a los ancianos»PARTIDO POLÍTICO

-Ustedes participaron en algunas hipotecas cuyos firmantes acabaron luego desahuciados de las viviendas que compraron. ¿No percibió en algún momento que algo así podría pasar?

-La verdad es que sí. Yo estaba de notaria en Mataró, en Barcelona, durante los años de la burbuja inmobiliaria. Nuestro trabajo no consiste en fiscalizar la actuación de los bancos. Tenemos que vigilar que se cumplen los requisitos de legalidad, que la persona que firma entiende lo que está firmando. Si la operación viene avalada por el banco, no podemos entrar. Pero sí tuve conversaciones con directores de oficina para interesarme por ciertos casos que no me cuadraban. También era legítimo que la gente quisiera vivir mejor. Y si te daban un préstamo, lo firmabas. Dicen que vivíamos por encima de nuestras posibilidades. Yo pienso que vivíamos con las posibilidades que nos daban, pero estas mermaron en pocos años.

-¿Volverá la alegría económica de aquella época?

-No, no volverá.

-Otra de las consecuencias de la crisis fue el aumento de las renuncias a herencias, que llegó a constatar el Consejo General del Notariado. ¿Se han frenado las renuncias tras la eliminación del Impuesto de Sucesiones y Donaciones en la Región de Murcia?

-Se han reducido, pero, según mi apreciación profesional, no ha tenido que ver la eliminación del Impuesto de Sucesiones. La mayoría de renuncias se producían porque los herederos no querían asumir las deudas del causante. Muy pocas han sido por no querer o no poder pagar el Impuesto de Sucesiones, al menos en mi notaría. Muchos ciudadanos murieron con deudas durante la crisis y los herederos, si aceptaban la herencia, las tenían que asumir, por lo que renunciaban. Sigo teniendo alguna renuncia, pero mucho menos porque la situación ha mejorado para alguna gente.

«Me gustaría que cada vez que asesinan a una mujer la gente saliera a la calle, como ocurría con los atentados terroristas»VIOLENCIA MACHISTA

-La convivencia profesional entre los notarios y los registradores de la propiedad no siempre es sencilla. ¿Usted cómo lo lleva?

-Los registradores y los notarios somos eslabones de la misma cadena y nos debemos a nuestros usuarios. Tenemos que conseguir que, sin detrimento de nuestra labor, las cosas sean fluidas, para así darles facilidades a los ciudadanos. El problema no es general, sino de casos concretos, de diferencias de criterio a la hora de ejercer la función. En general, tenemos buena relación, aunque nuestras instancias de gobierno sí han tenido roces. Es difícil delimitar la competencia entre los registradores y los notarios. En mi caso, tengo buena relación con ellos. Si hay conflictos, se solucionan.

Tristeza por Cataluña

-Conoce muy bien Cataluña, pues trabajó allí durante diez años y está casada con un catalán. ¿Cómo ven la situación que se ha creado?

-Estamos muy tristes en casa. Mi marido tiene ocho apellidos catalanes, es un catalán con más de pedigrí que Jordi Sánchez [presidente de la Asamblea Nacional Catalana] y todos estos. Tiene su corazón y su familia allí y no se puede creer lo que está ocurriendo. Cuando nosotros vivíamos en Cataluña, sufrimos alguna situación incómoda. En la notaría a veces te exigían en el último momento que el documento, cuando ya estaba preparado, se tradujera al catalán. Eso no me importaba, lo que me resultaba incómodo era la falta de libertad de expresión. Sentía que no podía opinar libremente sobre determinados temas. Si hacías alguna afirmación que no estaba dentro de los parámetros del nacionalismo, te llamaban facha. Ahora que lo vemos desde fuera, estamos tristes porque el ambiente se ha radicalizado, porque amigos nuestros que antes no eran independentistas ahora sí lo son, porque no hablamos de ciertos temas con la gente de allá porque no sabemos cómo acabará la conversación.

Fuente:  laverdad.es

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