“La estupidez une, la inteligencia divide”, afirma Pino Aprile. Una idea provocadora que, sin embargo, explica por qué la burocracia sigue viva y creciendo. En el mundo notarial, la gran pregunta es: ¿quiere que su oficina se convierta en una fábrica de papeleo inútil o en un espacio donde la inteligencia fluya gracias a la digitalización?

Pino Aprile (Bari, 1950) es de esos personajes difíciles de clasificar, un intelectual inquieto que ha transitado por mundos tan dispares como el periodismo, la música y la investigación histórica. Ha dirigido revistas de crónica social, trabajado como enviado especial para los telediarios de la RAI, compuesto canciones para artistas como Al Bano y publicado ensayos sobre la historia de Italia que se han convertido en auténticos superventas. Sin embargo, lo que más le obsesiona, lo que realmente dice que le quita el sueño, es un tema tan incómodo como universal: la estupidez humana.

Su nuevo libro, «Nuevo elogio del imbécil», recientemente publicado en español, continúa una reflexión que Aprile inició hace años y que ahora desarrolla en forma de correspondencia con expertos de distintas disciplinas. Lo sorprendente de su planteamiento no es solo la lucidez con que aborda el tema, sino la conclusión a la que llega: la estupidez no es un accidente, ni una anomalía a erradicar, sino una característica adaptativa y necesaria para la supervivencia de la especie humana.

Aprile no pretende clasificar a los estúpidos, como hizo el célebre economista Carlo Cipolla con sus famosos cuadrantes, sino entender por qué la estupidez se reproduce y prospera en todas las sociedades humanas. Su razonamiento es sencillo pero demoledor: si la estupidez fuera realmente nociva para la especie, la evolución la habría eliminado hace tiempo. Y sin embargo, no solo se mantiene, sino que parece expandirse de manera natural.

En su conversación, Aprile sostiene que la inteligencia, esa chispa que permitió a la especie humana sobrevivir en la sabana cuando carecía de fuerza o de número, podría ser una excepción evolutiva destinada a extinguirse, del mismo modo que se perdió la cola o el pelo que cubría su cuerpo. Hoy la humanidad ya cuenta con la fuerza del número y con el dominio tecnológico sobre su entorno. ¿Para qué se necesita, entonces, un recurso tan exigente y divisivo como la inteligencia, si la estupidez asegura cohesión y continuidad?

La metáfora que propone es clara: el genio inventa, pero necesita del estúpido para preservar y replicar sus invenciones. Sin esa “masa de repetidores”, ninguna idea, descubrimiento o tecnología podría sostenerse en el tiempo. Por eso, cuanto más inventa la inteligencia, más espacio necesita la estupidez. En sus propias palabras: “La estupidez es la batería y el archivo de la genialidad humana”.

Su visión se extiende al ámbito político y organizativo. Según Aprile, las jerarquías tienden inevitablemente a multiplicar la estupidez. Una gran empresa puede nacer de la idea brillante de un genio, pero a medida que crece, se ve obligada a trocear y simplificar tareas para que cualquiera pueda realizarlas. Ese proceso burocrático hace que la estupidez gane terreno, hasta que finalmente la organización acaba en manos de mediocres incapaces de sostener el proyecto original. “Las jerarquías convierten las ideas brillantes en rutinas estúpidas, pero precisamente por eso funcionan: porque lo estúpido une, mientras que lo inteligente divide”.

El escritor también observa este fenómeno en la política contemporánea, donde el exceso de avances o cambios genera un freno natural en forma de líderes que apelan a la simplicidad. Para Aprile, es la prueba de que la humanidad utiliza la estupidez como mecanismo de equilibrio: una especie de autopurga evolutiva frente al exceso de inteligencia acumulada.

Lo inquietante llega cuando se le pregunta por el futuro. Aprile se muestra convencido de que la inteligencia podría abandonar al ser humano y trasladarse a las máquinas. “Quizá no sea que el hombre esté hecho para la inteligencia, sino que la inteligencia nos ha utilizado como huésped temporal”. Y en esa posibilidad, no hay nada más humano ni estúpido que estar construyendo un reemplazo.

El pensamiento de Aprile sacude las certezas más profundas. Invita a contemplar la estupidez no como un mal a combatir, sino como una fuerza estructural que da forma a las sociedadesinstituciones y supervivencia como especie. Una visión incómoda, pero difícil de ignorar.

En definitiva, el mundo cambia, las notarías también deben hacerlo. Digitalizar no es opcional: es la solución contra la burocracia y la única forma de trabajar con la inteligencia que exige su tiempo. Empiece ahora y conviértase en la notaría que marque la diferencia.

Puedes leer la entrevista completa en El Confidencial:

https://www.elconfidencial.com/cultura/2025-04-27/pino-aprile-entrevista-elogio-imbecilidad_4117342/

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