In memoriam: Joaquín Zejalbo Martín, notario de Lucena

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Como quiera que la carretera se cobra a diario un macabro peaje, no nos suele afectar la numerología fría de un tristemente repetido titular de prensa. Sólo cuando la estadística no es tal, por la cercanía con una vida involuntariamente ofrecida en el negro altar del asfalto, nos detenemos a poner rostro a la desgracia.

Vendemos cara nuestra vida y nos aferramos a ella peleando cada segundo y aliento con la firme voluntad de seguir aquí el mayor tiempo posible. La carretera no suele permitir esa batalla, sesga la vida y detiene el tiempo de quien en desafortunada justa con la Física, no puede hacer uso de su propia fuerza para vivir más. Luto al que de nuevo obliga la más mortífera de las armas, la más impersonal de las penas capitales y la más anónima de las asesinas: la carretera.

Hoy, la vida de Joaquín Zejalbo Martín se detuvo para siempre en una recta infame que no quisiera jamás recorrer. La carretera se queda con incontables torcidos subrayados plasmados en libros imposibles de una irrepetible biblioteca, que sólo alguien como él podía llegar a reunir.

La carretera se lleva una visión estudiada de la fiscalidad cuya habitual defensa en duelo obligaba a cualquier antagonista a tener la guardia alta para no desentonar. La carretera se lleva a quien sirvió bien en su profesión, ejerciendo con altura en Derecho y practicando el pragmatismo en la solución. La carretera se apropia de quien, a cada uno lo suyo, era amigo, compañero, jurista y notario, pero sobre todo, se lleva un buen hombre, justo y trabajador.

Joaquín que nunca condujera como pasara a Camus, comparte con él desdichado final, pero por suerte, como el filósofo, vivió dos veces porque creó. La carretera no se llevará tus artículos e informes; tu firma, rúbrica y signo seguirán dando vueltas unas generaciones y, amigo, compañero, jurista y notario, no te olvidaremos.

Dios te tenga su Gloria, D.E.P.

Fuente: lucenahoy.com

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