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Corto y claro, enfocado el asunto desde el punto de vista y entendederas de un ciudadano medio, he aquí el presente y futuro de nuestra sanidad pública
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Luis Miguel Benito de Benito | 8 de mayo de 2016
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Dicen los economistas que su ciencia se ocupa, entre otras cosas, de aplicar los recursos limitados a las necesidades ilimitadas. Y eso en todos los campos de la vida diaria. No hace falta ser un economista profesional para emplear cada uno estos mismos principios para cualquier cosa. Todos tenemos necesidad de comer. Luego miramos nuestro bolsillo para ver qué podemos comprar para comer, hasta dónde nos llega el presupuesto. Necesitamos una vivienda, un coche,...hasta creemos que nos hace falta un ordenador o un televisor. Son necesidades más o menos obligadas. De hecho solemos establecer una prelación, un orden de necesidades: primum vivere deinde philosophari, lo primero es vivir y luego viene lo demás.
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La sanidad se convierte en una necesidad en los países llamados desarrollados. También la reclamamos para los países en vías de desarrollo pero... ahí es donde vemos másclaramente que sus escasos recursos no dan para atender demasiado bien las necesidades sanitarias. Y la que se puede prestar...es muy precaria. En definitiva, el binomio de recursos y necesidades está presente en cada una de las decisiones que tomamos a la hora de gastar. Para todo, desde lo más nimio como comprarse un libro o un perfume hasta para comprar un piso, es un análisis permanente y automatizado. ¿Qué necesito? O ¿cuánto lo necesito? Y por otro lado ¿cuánto tengo?. En el ámbito de la sanidad pública se supone que las autoridades responsables deberían hacer un cálculo similar: tendremos la sanidad que podamos pagarnos.
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En la práctica clínica asistencial vemos muchos momentos de desencuentro motivado por este desajuste. El paciente se queja y con razón cuando debe esperar tres meses para que le vea un especialista o seis meses para operarse. Las llamadas "listas de espera" que desesperan al paciente e inquietan a las autoridades sanitarias sobre todo en vísperas electorales, es una de las muchas manifestaciones de ese desajuste. Para paliar estas deficiencias surgen las compañías de seguro, que a buen seguro no existirían si el servicio público fuese rápido y eficiente, pues la gente no está dispuesta a pagar por lo que puede conseguir gratis.
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Cuando analizamos el funcionamiento del sistema sanitario (público y privado) en España a todos se nos ocurren muchas razones por las que se encuentra en situación precaria. Podemos enumerar algunas sin que sea este el orden de importancia:.
- desgana de los médicos poco motivados
- sobreutilización de recursos por parte de pacientes sanos
- corrupción de las autoridades sanitarias
- burocratización de los sistemas sanitarios
- desviación de fondos hacia programas de salud ineficientes
- usos inadecuados de exploraciones diagnóstica por médicos que temen que les acusen de "no haber hecho"
- construcción de infraestructuras innecesarias
- recortes de plantillas y presupuestarios
- aumento de la esperanza de vida y longevidad
- compañías farmacéuticas que fijan precios exorbitantes
- marketing sanitario de hipertrofia de la salud
- fomento de la hipocondria
- exaltación del estado de bienestar
- incremento de las demandas por mala praxis y actitud defensiva del médico.
Póngalas en el orden que quieran. Y añadan algunas más. Pero hay responsabilidades por todas partes: sin duda por parte de los políticos. Y también de los médicos. Pero también de los pacientes por el mal uso de los recursos, por ir al médico cuando no deben o pedir bajas que saben que son fraudulentas. Incluso también de los que no tocan el sistema sanitario porque con su voto electoral (o no voto) se apoya a manirrotos que prometen hospitales en cada esquina. Necesidades y recursos, no lo olviden.
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El reparto de los recursos ha de asignarse con criterios de justicia que en ocasiones resulta complicado casar para conformar a todos. ¿Hemos de asignarlos a la investigación? ¿A la prevención de los diferentes cánceres? ¿Al tratamiento del cáncer? ¿A las enfermedades raras? ¿Al Parkinson o Alzheimer? ¿Al autismo? ¿A la diabetes o la diálisis? ¿A la hepatitis crónica por virus C? ¿A los trasplantes? ¿A las vacunaciones? ¿A la drogadicción? ¿A las ayudas domiciliarias de pacientes dependientes? Muchas necesidades y difícil dejar satisfechos a todos los colectivos. La asignación de estos recursos requiere tener conocimiento de todas las necesidades, saber de medicina y de economía. Quienes deben determinar a dónde destinar los recursos y en qué medida han de saber la importancia de cada frente de lucha huyendo de veleidades que escapan a modas y populismos, a presiones de las multinacionales farmacéuticas.
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Las necesidades van en aumento. Ya se encarga la industria farmacéutica de incrementar esta fuente de negocios donde ya no interesa curar sino cronificar. La sanidad en el mundo occidental ya no es principalmente una necesidad sino un negocio. Hay muchos intereses involucrados en hacer creer al ciudadano sano que está enfermo, o que puede estarlo, y que por eso debe actuar preventivamente, con chequeos o con la contratación de seguros de vida o de salud. Hay países en los que el acceso a la sanidad es muy dispar, grupos de población cubiertos sobremanera y otros sin apenas acceso a los servicios básicos. En España, sin llegar a tanto, se nota una relevante diferencia de servicios dependiendo de la Comunidad Autónoma que se viva, puesto que la gestión de la Sanidad está transferida a la diferentes Autonomías. De ahí que cada vez sea más cierto que la esperanza de vida no deriva del código genético sino del código postal.
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