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Carpe Diem
Entre la fe y la incredulidad, un soplo. Entre la certeza y la duda, un soplo. Alégrate en este soplo presente en que vives, pues la vida misma está en el soplo que pasa -Omar Khayyam_-_
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7 de Mayo de 2013 - Oscar M. Prieto
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Cuando pienso en un día aciago, imagino un día con cara de lombriz, con cuerpo de gusano, un día ciego, como un topo, que no ve por dónde salir, un día que anda a tientas, con los brazos extendidos para no golpearse pero que, aún así, tropieza en cada baldosa levantada de la acera. No sé por qué, pero cuando pienso en un adía aciago, lo imagino así.
Lo que sí sé es que para enfrentarse a uno de estos días, uno de tener un plan. Siempre es bueno tener un buen plan en el bolsillo, casi tan bueno como guardar un as en la manga o un conejo en la chistera. Si tienes un buen plan, puedes estar tranquilo. La gente que tiene un buen plan, hasta duerme mejor. Es sencillo reconocer a quien tiene un buen plan, son los que te cruzas por la calle y van sonriendo para sus adentros, repasando cada paso de su plan, disfrutando con cada detalle. Los más afortunados son aquellos que tienen hasta un plan b, por si hay imprevistos o algo sale mal.
El viernes, me bastó con abrir un solo ojo, para darme cuenta de que el día se presentaba aciago. Sin ningún motivo. Sin causa aparente, ni malas noticias ni corazones rotos. Simplemente si iba a presentar así, si yo no hacía nada para evitarlo.
- ¡Necesito un plan!
Fue lo primero que me dije.
- ¡Mierda!
Exclamé a continuación.
Lo había olvidado en Madrid. Con tanto viaje, haciendo y deshaciendo todo el día maletas, tarde o temprano me tenía que pasar. Igual que todos alguna vez hemos olvidado el neceser, yo esta vez había olvidado meter mi plan en la mochila y lo había dejado en Madrid. ¿Qué podía hacer? Mantener la calma. En estas situaciones es conveniente mantener la calma y también obrar con diligencia, analizar la situación e inventarse un nuevo plan con lo que uno tiene a mano.
No sé si a vosotros os pasa lo mismo que a mí, yo cuando estoy pensando un plan, mientras lo planeo oigo dentro de mi cabecita la música del Equipo A:
Pa-pa-paa papapa paraparapa paparapapa
Sí, así me concentro mucho mejor.
Como el viernes. En cinco minutos ya tenía un nuevo plan para enfrentarme al aciago día que ya asomaba por el horizonte. Sabía lo que necesitaba y dónde encontrarlo. Salté de la cama, me vestí veloz, un desayuno rápido y carretera hacia Astorga. Ferretería La Mercantil. Antonio Seco. Nunca falla. Siempre tiene de todo. Hasta lo más insospechado. Mucho más importante que un médico de cabecera o un confesor, es tener un ferretero de absoluta confianza. No somos conscientes de los apuros de los que nos puede sacar.
Según me vio entrar en la tienda se dio cuenta.
- ¿Necesitas un plan?
- No, el plan ya lo tengo. Necesito esto para llevarlo a cabo.
Y le pasé esta lista:
2 rollos de 100 metros de tubería goteo de 16
85 goteros inundadores
40 tapones goteo de 16
42 piquetas de sujeción tubo
40 “t” tubería goteo
2 “t” de latón de 1”
4 enlaces rm para tubería goteo
4 llaves de paso tubería goteo.
Sí, lo habéis adivinado. Este era mi plan para enfrentarme al viernes aciago. Según me iba poniendo en el mostrador lo que le había pedido, el día ya empezaba a transformarse. Como ya os he dicho, no hay nada mejor que tener un buen plan. Y si no lo tienes, porque quizás lo hayas olvidado en Madrid, hay que saber improvisar otro. Eso fue lo que yo hice el viernes y os puedo asegurar que al final fue un día de lo más gratificante. Y todo gracias a mi plan. Un plan de lo más sencillo, una vez que contaba con todo lo que necesitaba, tan sencillo como pasar el día poniendo a los árboles el riego por goteo.
Y es que, como decía mi querido Montaigne:
“Sin un puerto de destino, no hay ningún viento favorable”.
Salud
Fuente: Blogs.Culturamas
